¿Qué hacemos?

Nuestros días tienen espacio para diferentes actividades en las que se divide y se estructura nuestra actividad diaria, entre ellas las más significativas son:

Oramos

“Es importante que el día, del hombre de Dios, inicie y concluya con la oración” (Benedicto XVI).

El seminario por ser la casa de los que se forman para el sacerdocio es principalmente una casa de oración, por lo tanto, la oración es el eje transversal de la vida de todos los que viven en el seminario.

De esta manera hay momentos especiales para la oración personal y la oración comunitaria por medio de la Liturgia de las Horas, de la Eucaristía y de la sana y fecunda devoción a la Virgen María por medio del rezo del Santo Rosario en comunidad.

La oración personal es el momento eminente de discernimiento vocacional, en donde por medio del trato íntimo con Dios se puede renovar el “Sí a Dios”, además por medio de la oración personal diaria el seminarista va adquiriendo el hábito de la oración, siendo verdaderamente un hombre de Dios, que habla a Dios de los hombres y a los hombres les habla de Dios.

La oración comunitaria es un momento privilegiado en el que como Iglesia oramos en un mismo lenguaje, por ello nos valemos de la Liturgia de las Horas y la Eucaristía que son los medios en los que como comunidad eclesial nos unimos a la oración de la Iglesia Universal.

Oramos

“Es importante que el día, del hombre de Dios, inicie y concluya con la oración” (Benedicto XVI).

El seminario por ser la casa de los que se forman para el sacerdocio es principalmente una casa de oración, por lo tanto, la oración es el eje transversal de la vida de todos los que viven en el seminario.

De esta manera hay momentos especiales para la oración personal y la oración comunitaria por medio de la Liturgia de las Horas, de la Eucaristía y de la sana y fecunda devoción a la Virgen María por medio del rezo del Santo Rosario en comunidad.

La oración personal es el momento eminente de discernimiento vocacional, en donde por medio del trato íntimo con Dios se puede renovar el “Sí a Dios”, además por medio de la oración personal diaria el seminarista va adquiriendo el hábito de la oración, siendo verdaderamente un hombre de Dios, que habla a Dios de los hombres y a los hombres les habla de Dios.

La oración comunitaria es un momento privilegiado en el que como Iglesia oramos en un mismo lenguaje, por ello nos valemos de la Liturgia de las Horas y la Eucaristía que son los medios en los que como comunidad eclesial nos unimos a la oración de la Iglesia Universal.

Estudiamos

Es necesario formar hombres que sean realmente testigos de la resurreción de Jesús (Papa Francisco)

El proceso académico de los seminaristas se realiza en el Centre d’Estudis Teològics de Mallorca, allí se recibe la formación del propedéutico, de filosofía y teología.

Por ser el tiempo del seminario un tiempo sobre todo de estudio (Benedicto XVI), los seminaristas en todas sus etapas formativas se empeñan por dar lo mejor de sí, y asimilar adecuadamente los conceptos propios de la etapa en la que se encuentran.

Es necesario que el seminarista se destaque por su inquietud intelectual, expresión concreta del “cor inquietum” deseoso de conocer más a su Señor.

    Vivimos en Comunidad

    El Seminario no es un lugar para formar administradores, sino padres, hermanos, compañeros de camino (Papa Francisco)

    Vivir en comunidad Permite que la incorporación a una pequeña Iglesia que peregrina en el Seminario por medio del compartir fraterno y la vivencia auténtica de cada uno de sus miembros. Así al futuro presbítero, en la medida en que avanzando en su formación se vuelve un hombre de comunión, le será más fácil incorporarse al presbiterio de la diócesis, buscando en el presbiterio la Iglesia particular que el anima en su vocación.

    Por lo tanto, es necesario que el seminarista valore los espacios comunitarios, porque son esos espacios los que le permitía sentirse Iglesia y ser un hombre de comunión.

      Vivimos en Comunidad

      El Seminario no es un lugar para formar administradores, sino padres, hermanos, compañeros de camino (Papa Francisco)

      Vivir en comunidad Permite que la incorporación a una pequeña Iglesia que peregrina en el Seminario por medio del compartir fraterno y la vivencia auténtica de cada uno de sus miembros. Así al futuro presbítero, en la medida en que avanzando en su formación se vuelve un hombre de comunión, le será más fácil incorporarse al presbiterio de la diócesis, buscando en el presbiterio la Iglesia particular que el anima en su vocación.

      Por lo tanto, es necesario que el seminarista valore los espacios comunitarios, porque son esos espacios los que le permitía sentirse Iglesia y ser un hombre de comunión.